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El poder de las vides viejas: Resiliencia y calidad en cada racimo


En el mundo del vino, existen elementos fundamentales que influyen en la calidad y el carácter de la uva, y uno de ellos es la edad de las vides. Las vides viejas, con su imponente presencia y raíces profundamente arraigadas en la tierra, ofrecen una serie de beneficios y características únicas que las distinguen de las vides jóvenes.


En este artículo, exploraremos el fascinante mundo de las vides viejas y cómo su longevidad influye en la calidad de los vinos de guarda.



En las vides viejas, se forma un bulbo en la raíz donde la cepa almacena reservas de almidón y otras sustancias beneficiosas. Estas reservas son utilizadas por la vid durante su ciclo vegetativo, contribuyendo a la madurez enológica de la uva. Esta capacidad de almacenamiento y utilización de nutrientes es fundamental para el desarrollo óptimo de los racimos y el equilibrio de sabores en el vino resultante.


A medida que se realizan las podas año tras año en las vides viejas, se generan cicatrices en la cepa. Estas cicatrices pueden dificultar o interrumpir el flujo de savia, disminuyendo así el vigor de la vid. Como consecuencia, los racimos producidos son menos numerosos pero más concentrados en sabores y aromas. Estas características son altamente valoradas en la producción de vinos de guarda, ya que promueven la complejidad y longevidad en la botella.


Un atributo notable de estas vides es su capacidad para desarrollar raíces profundas. Durante el invierno y las sequías, estas raíces continúan trabajando incansablemente, garanti

zando el suministro de agua y nutrientes necesarios para el crecimiento de la parra. Esta resistencia a la sequía evita el paro vegetativo que afecta a las vides jóvenes y, como consecuencia, contribuye a la producción de uvas con una mayor concentración de flavonoides, antocianos y polifenoles. Estos compuestos son esenciales en la extracción de sabores, colores y texturas durante el proceso de vinificación.


Vides jóvenes versus vides viejas:

Es crucial destacar la diferencia entre las vides jóvenes y las vides viejas en cuanto a su capacidad para generar uvas de calidad para los vinos de guarda. Mientras que las vides jóvenes aún están adaptándose y estableciendo sus raíces en el suelo, las vides viejas han pasado décadas, e incluso siglos, perfeccionando su equilibrio y expresión enológica. Esta madurez enológica solo se logra a través del tiempo y la experiencia de las vides viejas, proporcionando uvas de alta calidad que son ideales para la producción de vinos de guarda.


Las vides viejas son verdaderos tesoros en el mundo del vino. Su capacidad para almacenar reservas vitales, la formación de cicatrices por heridas de poda, el desarrollo de raíces profundas y su resistencia a la sequía son características que influyen directamente en la calidad y singularidad de los vinos de guarda.


Al resaltar estas cualidades, los productores de vino pueden transmitir a los amantes del vino la importancia de valorar y preservar estas vides centenarias, cuyos racimos cuentan historias de tradición y excelencia en cada sorbo.




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